Un relato colectivo
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Re: Un relato colectivo
- A la calle Casiopea , 43 por favor. - dijo al taxista que por suerte había parado justo en el portal de su casa.
- Muy bién señorita. Allá vamos. - contestó el taxista con buen humor.
Sonaba la radio de fondo. El anuncio de unos grandes almacenes y la maravillosa oferta de alfombras persas, le hizo sentir que todo era mucho más ajeno de lo que nunca había sentido. Pasaron los minutos que parecieron horas, y justo cuando faltaban sólo un par de calles para llegar, Raquel se empezó a cuestionar si sería buena idea presentarse así de repente en la oficina de Daniel. Sabía que habría alguien, puesto que el mantenimiento de la red informática de de la Multinacional See-you, hacía imprescindible unos turnos que ocuparan todo el día.
En la puerta, un corseje perfectamente uniformado, le dio un pase para subir a la tercera planta. Al abrirse las puertas del ascensor se encontró en una enorme oficina y a una mujer que parecía estar esperándola.
-Buenas tardes. Me llamo Raquel . Soy...esto...soy la novia de Daniel Castillo. -dijo estirando su mano.
-Mucho gusto. Yo soy Tina, la nueva secretaria. Pero aquí me llaman Tinaja. -dijo con cierta tristeza en sus ojos- . ¿Puedo ayudarle en algo?
Re: Un relato colectivo
- Verás Raquel, hace unos días pidió permiso para resolver unos asuntos., ¿no te lo había dicho?
- Pues no... - le dijo un poco perpleja- ¿Y no os dejó ninguna dirección?
- Ninguna, el asunto debía ser particular indudablemente
- Te agradezco mucho la información. No obstante, por si llamara... ¿Podrías decirle que he pasado por aquí?
- Desde luego, no te preocupes, se lo diré.
- Gracias, Tina,
Raquel salió desconcertada mientras iba pensando qué asuntos serían esos que le habían apartado de su trabajo cuando él jamás faltaba al mismo.
En vez de coger un taxí echó a andar por la avenida como ausente, la gente le iba dándo pequeños roces que ella ni notaba. Su cabeza daba vueltas a los últimos acontenimientos sin parar, pero siempre volvia al principio, al día que le cerró la puerta sin dejarlo explicarse, y su corazón experimentó una especie de estremecimiento culpándose por ello
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
Andaba con esos pensamientos mientras subía las escaleras, cuando de repente, alguien que bajaba como si hubiera visto al diablo, a punto estuvo de tirarle. Incluso el insulto que Carlos gritó con todas sus ganas, no debió llegar a oirlo ya que se oyó un portazo en el portal que enmudeció sus palabras.
-Valiente mamón - dijo bastante mosqueado.
Se olvidó de repente de todo cuando vio que la puerta de la casa de Daniel estaba abierta. Tan sólo asomar la cabeza, se dió cuenta que aquél energúmeno que casi le tira escaleras abajo, debía ser el ladrón que había puesto patas arriba todo el piso de su amigo. Sin entrar, cogió el móvil y llamó a la policía.
- Policía, llamo para denunciar un robo en la calle Paris, 14. En el tercer piso... No, no soy el propietario, soy un amigo que he... está bién, esperaré a que lleguen.
Re: Un relato colectivo
Ya en el portal encendió un cigarrillo mientras esperaba impaciente a que se personara la policía. Pasaron unos veinte minutos hasta que veió el coche celular doblar la esquina.
¿Es usted el quien ha llamado- le dijo un policia corpulento portando en sus hombreras dos estrellas y con aires tranquilos como toda -si las voces le llegaran de lejos oyó a uno de los pocicías comentar,
- Esto no es obra de un "caco" vulgar, esto es obra de un profesional
¿Profesional?- se dijo Carlos- mientras la palabra producía en él una fuerte sacudida, ¿en que asunto feo estaba metido su amigo Daniel para que un profesional le hiciera semejante destrozo?. pero... profesional ¿de qué?- se preguntó.
El trabajo que estaban llevando a cabo los agentes le pareció digno de CSI, median las cuchilladas halladas en el sofá, tomaban las huellas tanto en los muebles como en las ventanas, las puertas... no salía de su asombro, ¿qué estaba pasando allí? ¿Por qué tanto ensañamiento?, Daniel le vino de pronto a su pensamiento, con sus aires de hombre elegante, tan sereno siempre,, tan buen amigo, ¿estaría equivocado sobre él?, ¿cómo le diría a Raquel lo que había pasado'.
Mientras todo esto pasaba por su cabeza, se vio despidiendo a los policías dándoles la mano, mientras oía:
- Señor, esto quedará precintado hasta que podamos terminar nuestra investigación. Procure localizar a su amigo. Dígale se ponga en contacto con nosotros pues no podrá entrar hasta tanto. Usted tendrá que pasarse por las dependencias policiales para firmar la correspondiente denuncia,
. No se preocupe, mañana mismo me paso
- Buenas tardes.
- Buenas tardes
Junto a ellos bajó a la planta baja, salió del edificio y de pronto se encontro solo en la calle. La misma que una hora antes había recorrido diriigiéndose hacia la casa de Daniel dispuesto a hacerle un sin fin de preguntas, preguntas que más que nunca le gustaría hacerle en esos momentos y encontrar más de una respuesta.
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
-No diga nada a la policía o su muñequita puede que sufra un desgraciado e inesperado accidente.
-¡Como le pongáis una mano encima...yo...yo...!- Contestó Daniel sulfurado.
- Vamos, tranquilo... Si eres buen chico y haces todo lo que te digamos, no le va a pasar nada... De ti depende ¿entendido?
-De...de... acuerdo - La voz de Daniel se quebró y perdió toda la fuerza que antes tenía.
Sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Miró al asiento de al lado; allí reposaba la cartera que contenía esos documentos malditos que manejaban desde hace tiempo los hilos de su vida. Y con ella la de Raquel...
Re: Un relato colectivo
Pensaba que cuando Daniel se enterara de lo que iba a hacer, no la volvería a hablar en la vida. Él siempre había mantenido su parcela laboral bastante alejada de ella y en esos momentos lo que pretendía era registrar su despacho en busca de alguna pista que le llevara a él.
De nuevo se repitió la escena. Tina esperaba en la puerta del ascensor como cuando llegó minutos antes. Incluso le pareció a Raquel como si no se hubiese movido de ahí.
- Esto... El caso es que... no sé si va a ser posible, pero .... -toda la claridad mental de Raquel se había esfumado ante esos ojos que preguntaban sin palabras lo que hacía allí de nuevo.
- ¿Quieres saber algo más?.- contestó Tina con cierta intriga.
Al fondo, sumergidos en sus ordenadores, tres o cuatro personas no mostraron el más mínimo interés por lo que estaba sucediendo más allá de sus pantallas.
Raquel suspiró y esto le ayudó a soltar lo que llevaba dentro.
-Necesito entrar en el despacho de Daniel. Pienso que algo le está ocurriendo y pretendo encontrar una pista que me pueda ayudar a saber lo que es.
Cuando Raquel escuchó de repente su silencio, se preguntó de nuevo cómo había mostrado su inquietud a una secretaria que no conocía de nada y que quizá estaba a punto de llamar por teléfono a su superior para contar su atrevimiento. Pero se equivocó.
- Vente dentro de una hora y media. Los del "fondo sur" - dijo señalando a los informáticos- ya no estarán y los que vienen de segundo turno ni siquiera se plantearán si trabajas aquí. Yo te esperaré abajo, así el conserje no le estrañará que vuelvas a subir.
-Tina...no sé cómo agradecértelo. -dijo Raquel con lágrimas en los ojos.
-Lo hago por Daniel. Es la única persona en todo este edificio que me ha tratado siempre con respeto y educación.
Re: Un relato colectivo
-¿Carlos?
- Si, dime Raquel
-No soy yo quien tiene que decir nada, quedastes en llamarme y no lo has hecho- le dijo en tono de reproche- ¿Qué me puedes decir de Daniel? ¿le has visto? ¿Has hablado con él?
Un silencio se alargó en mitad de la conversación y después de unos breves segundos Raquel insisr¡tió
- ¿Estás ahí Marcos?
- Si, Raquel, estoy aquí, pero ahora no puedo hablar, te prometo llamar.
- Pero ¿cúando?-insistió- Sabes lo preocupada que estoy...
- Lo sé, no lo olvido -respondió Carlos- pero vuelvo a insistir, no es este el momento....., te llamaré- y colgó
Raquel se quedó perpleja, algo debía estar sucediendo, de todos era sabido el mucho tiempo que Carlos tenía para casi todo debido a su cargo, y ello le contrarió a un más. Muchas veces era dificil hacer que colgara haciéndose interminables sus conversaciones, no er nada normal. Miró el reloj y cogiendo su bolso caido en una silla, salió del local, y se encaminó a la oficina de DAniel, estaba cerca la hora indicada por Tina.
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
Una vez dentro revisó todos y cada uno de los cajones y archivadores con cuidado de no dejar evidencia de su acto, pero no encontró nada fuera de lo normal, todo era mero papeleo. Se sentó en la butaca sin mas ideas y una agradable sensación invadió su cuerpo...nunca antes había estado en el despacho de Daniel, pero podía sentir su aroma, su calor que emanaba de cada rincón de aquella habitación. Es por eso que se dió cuenta que si no encontraba algo pronto por simple que fuera acerca de lo que estaba sucediendo, el único hombre que le había hecho sentir así en su vida podía correr peligro. Rebuscó desesperada sobre la gran pila de informes encima del escritorio ya sin importarle el que Daniel pudiera darse cuenta de su invasión, pero tampoco dió resultado. Sin saber que hacer se dirigía a la puerta para abandonar la oficina cuando sólo un instante antes de tocar el pomo con su delicada mano, se dió cuenta de que había olvidado un lugar en el que mirar...o más bien en el que escuchar. Fue rápidamente hacia el escritorio y pulsó el boton del contestador para escuchar los mensajes recibidos. El primero hablaba sobre la entrega de unos informes el lunes a primera hora, los tres siguientes contenían mensajes similares acerca de unos balances y ciertas gestiones económicas...pero el quinto mensaje llenó de euforia a Raquel que sabía que era importante. Cogió una hoja de papel y una pluma que reposaba sobre el tintero y escribió lo que el mensaje decia:
Puerto del Príncipe, numero de serie 236756...Evidentemente no entendía nada de lo que significaba ese número pero conocía donde se encontraba el puerto.
Salió apresurada del despacho sin importarle nada la presencia del resto hasta llegar al hall donde Tina tenía su escritorio.
- Qué tal, has encontrado algo?¿ - dijo Tina -
- Creo que sí, y tal y como pensaba puede estar en apuros, debo irme enseguida...
- Te acompaño a la salida.
- No,no es necesario bajaré por las escaleras para no esperar al ascensor...
Y tras un calido abrazo y un sincero agradecimiento, salió disparada escaleras abajo saltando de dos en dos escalones sin importarle nada más que el llegar a tiempo...
Re: Un relato colectivo
- ¿Estás ahí Marcos?
- Si, Raquel, estoy aquí, pero ahora no puedo hablar, te prometo llamar.
- Pero ¿cúando?-insistió- Sabes lo preocupada que estoy...
- Lo sé, no lo olvido -respondió Carlos- pero vuelvo a insistir, no es este el momento....., te llamaré- y colgó
Me he llevado un susto de muerte al ver mi nombre de repente en la historia, estaba tan metido en la trama que pensé que sufría alucinaciones...pero al mirar otra vez seguía ahi...jeje. Por cierto me encanta como escribes y como lo detallas todo... muy gráficamente y me encanta la idea del relato colectivo....escribid,que estoy deseando que continue!!!
un abrazo!
Re: Un relato colectivo
Ya en el coche y antes de ponerlo en marcha llamó a Carlos una vez más, la llamada se alargó unos minutos pero nadie respondía. Desde que acordaron que se pasaría por el domicilio de Daniel no le había visto y se preguntaba que le podía haber ocurrido. No tenía ningún otro medio de contactar con él, así que poniendo el coche en marcha se incorporó a la circulación camino al puerto, prometiendose intentarlo al llegar al destino fijado.
Aquella tarde era especialmente bella, el sol brillaba tenuemente como cuando empieza a apuntar hacia el horizonte. Las montañas se perfilaban a lo lejos con ese zúl oscuro intenso mientras se lejaban de ella conforma avanzaba por la autopista. El sonido del teléfono le sacó de su comtemplación y aprovechando un espacio abierto en el anden se paró en él.
- Sí, dígame-
- Raquel, soy Marcos
- Dime Marcos
- He pasado por la casa de Daniel y está prencintada por la policía
- ¿Cómo dices?- su voz se quebró- ¿Qué ... qué le ha pasado a Daniel?- apenas si podía hablar
- No, no, Raquel, tranquilizate, no le ha pasado nada, han forzado su casa y han entrado buscando algo, pero según me he informado él no estaba dentro... ¿me estás oyendo?
Raquel se había echado hacia atrás y mientras mantenía el telefono junto a su pecho hacía grandes esfuerzos por recuperar su respiración-
- ¿Estás seguro que no estaba dentro?
- Seguro Raquel, parece ser que un amigo suyo ha sido quien llamó a la policía
- Carlos...- dijo con un hilo de voz-
- ¿Decías algo Raquel?
- No, no, Marcos, disculpa, estaba pensando en voz alta, sigue investigando y llamamé en cuanto consigas algo, por favor, ahora me dirijo hacía el puerto del Principe, te llamaré en cuanto llegue.
- De acuerdo, procuraré informarme de todo
Raquel colgó el teléfono mientras pensaba en Marcos. Cuando acudió a él lo hizo con la seguridad de que su profesionalidad como detective le ayudaría a aclarar las cosas que no entendía. ¿Un amigo...? las palabras de Marcos resonaron en su cabeza, debía ser Carlos...marcó su número y aquella vez obtuvo respuesta.
- ¿Carlos?
- Raquel, menos mal que me has llamado, estoy intentando hablar contigo y comunicas
- Bien, dime, ¿has sido tu quien ha llamado a la policía?
- ¡Cómo¡ ..¿lo sabes?
- ¡No Carlos, no se nada de nada, creo que me voy a volver loca¡, solo me han dicho que su piso está precintado por la policía ¿Que me puedes decir?, ¡Por Dios¡ ¿le ha pasado algo?
- Si, he sido yo quien ha llamado, pero él no estaba en el piso, la policía me ha dejado dicho que se persone en las dependencias policiales pues no podrá entrar a su piso hasta que no hable con ellos, prero no consigo dar con él ¿Tu sabes algo?
- Pero Carlos, ¡qué tonterías estas diciendo¡ , ¡¿crees que si supiera dónde está estaría así?¡... -despues de un breve silencio, añadió- He estado en su despaho y he encontrado una dirección que es hacia dónde me dirijo...
- ¡Raque¡, ¡Raquel¡, ¡por favor¡, no sé lo que has encontrado pero no hagas nada tu sola, tenemos que hablar antes, dime dónde estás y te iré a buscar e iremos juntos, pero no vayas sola ¿me oyes?...
- Te llamaré- respondio Raquel mientras colgaba
Lentamente se fue incorporando a la circulación muy intensa a esas horas mientras apretaba el acelerador, más que nunca deseaba llegar al Puerto del Principe y saber que diablos había en aquel sitio y por qué estaba subrayado dándole prioridad a cualquier cosa....numero de serie 236756... ¿Qué significaría?,... ¿Un contenedor?... ¿Un barco? .... Con estos pensamientos siguió haciendo kilómetros...
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
De repente una tenue luz iluminó el interior de lo que podía ser una destartalada oficina. Detrás de los sucios cristales, una sombra cruzó por la ventana y Daniel, sin poder evitarlo, sintió un escalofrío que le avisó del miedo que tenía. Se abrió la puerta y alguien se acercaba a paso lento hacia su coche con la mano escondida en el bolsillo derecho de una raída chaqueta. Los latidos de su corazón cegaban sus pensamientos. Quería tomar control de la situación y lo único que se le ocurrió fue echar los seguros de las puertas y cerrar un instante los ojos. En ese momento su sobresalto fue mayor cuando el individuo que ya había llegado hasta él, toco con fuerza en los cristales.
Sus miradas sin alma se cruzaron y Daniel comprendió que aquél tipo llevaba un sobre en la mano. Bajó tan sólo una ranura del cristal a modo de buzón y una vez con el sobre dentro, arrancó a toda velocidad como queriendo dejar atrás la locura en la que se había metido.
Re: Un relato colectivo
Con decisión enfiló la cuesta que le llevaba al puerto mientras en su mente iba tomando forma la estrategia a seguir. A las 19,30 de la tarde hizo su entrada en él, estaba deidida, de allí no se marcharía sin obtener la información que iba buscando.
Mientras, a cien kilómetros de allí, Daniel se encontraba paralizado dentro de su coche. El sobre le quemaba en las manos y aunque estaba interesado en su contenido, el miedo le impedía actuar. Respiró profundamente, puso el sobre sobre el asiento contiguo y lentamente se fue alejando de aquel llugar. Sabía que en él encontraría las instrucciones sobre lo que tenía que hacer para salvaguardar su vida y la de Raquel.
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
alejando conforme pasaban. Aún no había anochecido del todo y el paisaje se presentaba en todo su esplendor.
Sintiéndose seguro, encendió la luz interior del coche y abrió lentamente el sobre. Leyó su contenido:
“Debes presentarte mañana día 23 en Puerto del Príncipe con toda la documentación en el sitio convenido a
las 7 de la tarde. De no estar allí, ve preparando el entierro de tu chica”
Echó su cabeza hacia atrás y la giró hasta divisar en el asiento trasero una carpeta de ciertas dimensiones dónde se encontraban unos planos junto a anotaciones y situaciones precisas y unas diez fotografías. – Nunca- Se dijo- debió de ir a inspeccionar aquellas obras. pero mucho menos debía habler comentado lo que encontró y fotografió. Fue su segundo error. Su vida por ello había dado un giro inesperado y en su afán de proteger a Raquel, la había perdido. Un dolor intenso le hizo reaccionar, miro su reloj, le quedaban tan solo unas catorce horas, tiempo suficiente desde dónde se encontraba para acudir a la cita. Reclinó el asiento, seleccionó en el despertador de su reloj una hora. Necesitaba descansar un poco antes de emprender camino. Lentamente el sueño le invadió.
Raquel se fue acercando lentamente al puerto. La noche ya estaba cerrada y sobre el agua se reflejaban las luces de los barcos haciendo juego con la luna limpia y brillante. Todo era quietud. Recorrió con su coche el trayecto que le separaba del final del mismo, paró un momento y se dijo que no eran horas para investigar nada. Dio media vuelta y se encaminó a un pequeño hotel situado en una pequeña cuesta desde dónde se divisaba la mar. El sitio le pareció adecuado para pasar allí la noche. Aparcó y decidida se dirigió a recepción.
-Buenas Noches- ¿Tienen habitaciones?
-Si señora, ¿Para cuantos días?
-Tres de principio, estoy esperando a unos amigos,- oyó su voz que decía-
Puso su docunebtación en el mostrador, firmó y recogió la llave que le entregaban. El mozo diligente se hizo cargo del pequeño equipaje que llevaba. Cayó en la cuenta que para aquel sitio su indumentaria no era muy adecuada, por lo que se dijo que para pasar más inadvertida, a la mañana siguiente se compraría unas cuantas prendas en la pequeña tienda que había visto al bajar al Puerto.
Ya en la habitación, propia de hotel de puerto, limpia y cómoda, se dirigió a la pequeña terraza. Era realmente hermosa la noche y el paisaje impresionante. El ruido del agua rompiendo sobre los atolones naturales a la entrada del puerto daban una serenidad que hacía tiempo no sentía, Encendió un cigarrillo y sin pensar en nada se dejó llevar por aquella paz que la invadía.
Jacinto Benavente.

Yobana
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Re: Un relato colectivo
- Buenas tardes, soy Marcos Rudiel. Soy detec..
-Sí, te conozco... Supongo que Raquel habrá acudido a ti para que le eches una mano.
-Necesitaría hacerte unas preguntas
- No sé si te voy a poder ayudar. Creo que Raquel ya te habrá contado todo lo que sabemos... Por cierto ¿tu sabes dónde ha ido?
- Creo que no habrá ningún inconveniente en decirte que se dirige a Puerto Príncipe.
-¿Se puede saber qué va a hacer allí?
-Exactamente no lo sé. Cree que ha dado con alguna pista que le puede llevar a Daniel
- Entonces dejaremos las preguntas para otro momento. Voy para allá ahora mismo.
- No dejes de llamarme cuando estés con ella. Hay ciertos datos que tengo que valorar antes de tomar una decisión.
- De acuerdo, así lo haremos.
-Y tened cuidado. No parece que quién está detrás de todo esto tenga muy buenos modales.
- A la mínima llamaré a la policía.
- Bueno, pero antes de hacerlo piensa que Daniel es mayor de edad, que se ha podido ir a un viaje de placer a las Bahamas y que no hay nada que impida la libre circulación de personas por todo el territorio na...
- Está bien. Llamaremos a la policía cuando la situación lo requiera. ¡Ah! por favor, no le diga a Raquel que voy para allá. Quizá no le guste la idea...
-De acuerdo. No se lo diré en un par de horas que será lo que tardes en llegar allí.
-Gracias.
-Hasta la vista.
No tardó dos segundos en coger su chaqueta y las llaves, para salir escaleras abajo. Ni siquiera se planteó coger el ascensor. Lo único que quería era llegar junto a Raquel y tratar de averiguar en qué estaba Daniel antes de que fuera demasiado tarde.
Re: Un relato colectivo
Lentamente fue bajando la pequeña cuesta mientras contemplaba la mar serena pese al gris del cielo. Todo estaba en calma y salvo algunas personas distraidas en sus cosas que se cruzaron con ella, todo parecia tranquilo. Decidió tomarse un café y se sentó en una terraza desde la que divisaba toda la entrada a aquel reducido puerto. Eran las once de la mañana, tenía tiempo, se dijo, para todo lo que pensaba hacer.
A esa misma hora, Daniel aparcaba no muy lejos de donde se encontraba Raquel. Lentamente fue recorriendo la distancia que le separaba de una terraza que había divisado desde lejos con la intención de tomarse un café. se dijo no le sería dificil informarse sobre la llegada de una persona joven y sola en tan pequeño lugar, pero antes repondría fuerzas.
Conforme se iba acercando a la terraza su pensanmiento se entregó al deseo por un lado de encontrar a Raquel y por otro rezando para que no se encontrara allí. Sabía que las cosas se podrían muy dificiles y su preocupación por ella crecia por momentos. DE pronto se paró a unos metros, sus ojos se clavaron en una figura sentada en la terraza ... ¡Era Raquel¡
Raquel levantó sus ojos de la taza de café y su corazón comenzó a latir con tal fuerza que parecía querer
atravesar su pecho, lentamente se empezó a levantar pero sus piernas se hicieron pesadas y el sudor comenzó a deslizarse por todo su cuerpo. No podía ser real, ¿era locura? ¿desvariaba quizás?, pero de pronto se sintió rodeada por unos brazós fuertes que la alzaban mientras unas manos rodeaban su nuca y los dedos se iban introduciendo entre su pelo, no, no era locura, se dijo, ¡era él¡ ¡estaba allí¡ y se dejó abandonar a tan hermosa realidad.
Como a cámara lenta se iban desgranando los segundos, los minutos, ¿cuantos?, se preguntó , ¿uno, cinco, diez? el tiempo iba transcurriendo tal como ella deseaba, lenta, muy lentamente, para saborear cada segundo de tan maravillosa sensación. Miró sus ojos y los vió clavados en los suyos entre una mezcla de ternura y adoración ¿o era la suya?, poco importaba de quien fuera, lo cierto es que la agonía que sintió frente aquella taza de café se había disipado como la niebla de las mañanas de otoño al ir apareciendo el sol, entonces, como tomando consciencia de aquel momento, fue alzando sus brazos hasta que estos encontraron aquel cuerpo que tanto amaba para fundirse en un profundo abrazo mientras el silencio, como la más hermosa banda sonora, coronaba esos instantes.
Jacinto Benavente.

Yobana
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